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Origen de las catas de vino

Las catas de vino surgieron de la necesidad de definir las características organolépticas de los vinos. Hoy dedicamos una entrada a explicar cuál es el origen de las mismas.

Las catas, como el vino, existen desde el comienzo de los tiempos, pero la finalidad no ha cambiado un ápice. Se trata de orientar a los participantes a descubrir las características de los vinos, conocer diversas variedades de uva, apreciar la evolución de un mismo vino… pero, ante todo, ¡divertirse!

Evolución etimológica de la palabra cata

Las catas siempre se han vinculado al mundo vitivinícola, un sector que hasta hace poco parecía estar destinado a expertos en la materia. Pese a ello, hoy en día, cualquier persona puede disfrutar de una cata, sea entendido o principiante.

El origen de la palabra viene del latín captare, que significa «coger, agarrar». Un término que con los años ha sufrido diversas variaciones semánticas hasta desembocar en el significado actual. En este sentido, la Real Academia Española define catar como «la acción de probar un alimento o bebida con el objetivo de examinar su sabor o calidad».

Un paseo por la historia de las catas de vinos

Hemos hablado del origen etimológico de la palabra, pero… ¿cuándo comenzaron a producirse este tipo de eventos? Bien es cierto que no se tienen datos concretos sobre el tema, pero lo que sí sabemos es que para producir y mejorar el vino, hay que probarlo.

El mundo antiguo

Podríamos hacer una previsión en la historia del vino, desde su aparición en Mesopotamia en 9.000 a.C hasta la actualidad. Esta primera etapa se caracteriza por su dedicado desarrollo a actividades ganaderas o agrícolas, donde destacaba el cultivo de la vid.

De la civilización sumeria, nos trasladamos al antiguo Egipto, donde el vino estuvo considerado una bebida de estatus y quedaba reservado para los sacerdotes, nobles y faraones. Aun así, las clases bajas podían disfrutar del vino en ciertas festividades.

La devoción religiosa de los egipcios es más que conocida, tenían un dios para cada cosa y la producción del vino no iba a ser menos. Atribuían su invención al dios Osiris, padre de Horus, dios de la agricultura.

También destacaron por las técnicas de conservación del vino, muy adelantadas a su época.  Diversos arqueólogos han encontrado en la tumba de faraones, como Tutankamón, algunos restos de ánforas selladas con barro con referencias a ciertas añadas.

Grecia y Roma

El mundo clásico también aportó su granito de arena a este tema. Tanto los griegos como los romanos tenían dioses específicos para esta bebida (Dioniso y Baco) y la utilizaban a modo de ofrenda.

Cabe destacar que los gustos para los habitantes de la antigüedad distan bastantes de los actuales. Por ejemplo, en la antigua Grecia se tomaba el vino mucho más dulce, especiado y mezclado con agua.

En el caso de Roma, el vino era considerado una bebida al alcance de todos, es decir, desde el esclavo hasta el César. Bien es cierto, que al tratarse de una sociedad jerarquizada, los mejores vinos estaban destinados a las personas más influyentes.

Sin embargo, la producción del vino y, por consiguiente, las catas, vieron peligrar su existencia con la caída del Imperio Romano en el 476, momento en el que el cultivo de la vid fue heredado por los pueblos visigodos.

Las catas en la Edad Media

Pese a ello, el máximo exponencial en torno al tema de las catas se produjo en la Edad Media, con el desarrollo del cristianismo, un movimiento religioso que consideraba el vino como la representación simbólica de la sangre de Cristo.

Las figuras encargadas de relanzar esta bebida fueron los monjes y frailes, que se dedicaron en cuerpo y alma a la recuperación, el desarrollo y la producción de vinos. Este aspecto motivó la curiosidad por examinar cuáles eran los mejores vinos y cuáles poseían las mejores características.

Gracias a ellos, la cultura del vino y por ende, las catas, comenzaron a tener un peso importante en la historia y se extendieron por todo el mundo, adaptándose progresivamente a los nuevos tiempos.

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