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Cómo aprovechar una cata de vinos

Si te gusta el vino, o si quieres que te guste, haznos caso, supera la vergüenza y apúntate a una cata de vino. ¡Seguro que repites!

catando vino
Cata de vinos

Las catas de vino son una de las mejores formas de aprender y, sobre todo, de pasarlo bien disfrutando de tu bebida favorita, pero a veces pasa que, a veces por timidez, a veces por prejuicios o simplemente porque crees que vas a quedar en evidencia si no sabes distinguir un crianza de un vino joven, no nos atrevemos a apuntarnos a una.

Hoy queremos quitarnos esos complejos y ayudarte a dar el paso para asistir a una cata de vinos, te aseguramos que repetirás.

¿Dónde se hacen las catas de vinos?

Esa es una de las (muchas) maravillas de una cata de vino, son muy fáciles de encontrar. Lo más sencillo es organizar una visita a una bodega, normalmente te darán la oportunidad de catar sus vinos al final de la visita.

Por ejemplo, en el caso de Bodegas Raíz de Guzmán, disponemos de 6 vinos muy diferentes, 5 tintos y 1 rosado, cada uno con una personalidad propia. Si nos haces una visita, al final de la misma podrás catar una selección de la mano de uno de los trabajadores de la bodega que te irá guiando en cada paso.

También se suelen organizar catas en las bodegas de barrio en las que venden vino o incluso hay empresas que solo se dedican a las catas. Echa un vistazo en internet y seguro que encuentras la que mejor va contigo.

Y si te apetece empezar ya, pero las restricciones no te lo permiten, siempre puedes organizar una cata virtual en casa. En este post ya te contamos todo lo que necesitas saber para hacerlo posible.

¿Cómo se cata el vino?

vino en la mesa

Empecemos por el principio, aunque en una cata no hay preguntas tontas, siempre es mejor saber cómo funciona el proceso para ir sobre seguro y solo preocuparte por pasarlo bien.

Vamos entonces a la parte divertida: ¡beber vino! Básicamente, toda cata de vino se divide en 3 etapas o fases: visual, olfativa y gustativa.

Cada paso ayuda a asimilar por completo todos los matices de un vino. Esto es porque se centra la atención en cada componente individual (claridad, aromas, gusto y perfiles de sabor) para que pueda determinar si el vino es equilibrado o apagado, bueno o mediocre.

Al igual que aprender a tocar el piano o andar en bicicleta, la perfección llega con la práctica, así que sírvete una copa del vino que tengas en casa y sigue estos pasos:

Paso 1: fase visual

Cuando te sirvas el vino, busca un fondo que te permita apreciarlo (un mantel blanco puede servir) e inclina la copa un poco la para ver bien el color del vino.

Fíjate en la opacidad, determinando si parece clara o turbia. Ya te contamos que el color del vino esconde muchas pistas, como la variedad y la edad, pero a menos que estés en una cata a ciegas, no es necesario que dediques demasiado tiempo a este paso.

Ten en cuenta que los vinos blancos más claros serán de color pálido y los blancos con cuerpo adquirirán tonos más ricos y dorados.

En cuanto a los tintos, los vinos de tonos más claros, si puedes ver a través de ellos, tienden a tener un cuerpo más ligero, mientras que los vinos de tonos más profundos y oscuros indican un cuerpo más completo.

Consejo pro: fíjate en esas gotitas que quedan en la pared de la copa al mover el líquido, se llaman lágrimas y depende de lo que tarden en desaparecer nos revelarán la graduación alcohólica del vino, mientras más lento desciendan por la copa, mayor será la graduación.

Paso 2: fase olfativa

Si alguna vez has estado resfriado, seguro que has podido comprobar que sin olfato no hay sabores, pues con el vino pasa lo mismo, el olor es una parte muy importante de la cata.

El olor de un vino puede ser delicado o fuerte, agradable o poco atractivo. Se divide en dos partes: primero sumérgete en la copa cuando te sirvas el vino, experimenta, ¿qué hueles?

Después asegúrate de agitar un poco el vino para resaltar los aromas. Sí, por fin puedes hacer ese gesto con la copa que has visto a todos los “expertos” antes de probar el vino.

Esto, además de quedar muy bien en la foto, sirve para airear el vino añadiéndole oxígeno, dejándolo “respirar” para que se abra y revele los aromas.

Así que gíralo, mete la nariz en la copa sin miedo y aspira una gran bocanada. ¿Huele a fruta, tierra, hierbas secas o tal vez a azufre? Algunas uvas y ciertos lugares tendrán olores únicos, mientras que las técnicas de producción también pueden impartir aromas adicionales. Estos se pueden dividir en 3 categorías:

  • Aromas primarios: son aromas derivados de la uva y de la tierra donde se ha cultivado, por eso es habitual el característico olor a tierra mojada, incluyen notas afrutadas, herbales y florales.
  • Aromas secundarios: son aromas de fondo que provienen de las prácticas propias de creación del vino, como las técnicas de fermentación. Notarás olores lácteos o propios de una panadería.
  • Aromas terciarios: provienen de la crianza, ya sea de roble o en botella, y son los más difíciles de apreciar, incluyen notas de vainilla, coco, especias para hornear, nueces tostadas, tabaco, caja de puros y cuero.

Si quieres saber más, aquí te dejamos un post sobre los aromas del vino.

Paso 3: fase gustativa

Después de oler el vino, es hora de tomar un sorbo. No hay solo una forma correcta de hacerlo, pero lo más habitual es moverlo un poco en la boca y aspirar un poco de aire al mismo tiempo para que el vino llegue a toda la lengua. Estos son algunos puntos de los que puedes tomar nota:

  • Dulzor: ¿El vino es dulce por el azúcar residual que queda después de la fermentación o se percibe como dulce por los sabores frutales?
  • Acidez: ¿Tiene un sabor ácido? La acidez hace que se te haga la boca agua, lo que tiende a hacer que el vino parezca refrescante y picante. Demasiada acidez puede tener un sabor áspero, mientras que una acidez insuficiente hará que el vino parezca flojo.
  • Amargura: ¿Te deja la boca seca? Ese es el resultado de los taninos, que pueden derivarse de los hollejos, semillas y tallos de la uva o de un envejecimiento prolongado en roble. Los taninos aportan estructura y vida útil al vino.
  • Cuerpo: El cuerpo es la sensación general del vino en boca. El cuerpo te llena la boca de peso o viscosidad: piensa en la leche desnatada frente a la entera para obtener un vino de cuerpo ligero en comparación con el vino de cuerpo completo. En términos generales, cuanto mayor es el contenido de alcohol, mayor es el tanino, y cuanto más rico es el vino, más cuerpo tiene
  • Duración: ¿Te quedas con el sabor en boca un tiempo después de tomarlo? Eso es que es un vino largo, si no, estás ante un vino de final corto.

Algunos consejos extra

La ropa importa

Y no porque sean todos unos snobs y haya que ir de etiqueta, pero la ropa oscura, ayuda a disimular las manchas mejor que la claras. Y no te preocupes, a todos nos ha pasado alguna vez.

Papel y boli

No hay un número fijo, pero puede ser que pruebes hasta 10 vinos diferentes y, créenos, cuando vayas por el séptimo no vas a recordar el segundo que te gustó tanto, toma notas con cada vino sobre cada una de las fases, no importa lo que pongas, son tus sensaciones.

El mejor perfume es el vino

Ya hemos comentado la importancia de los olores, por eso lo ideal es que tú no aportes ninguno al vino, ya es suficientemente difícil captar las sutilezas de los aromas propios del vino como para que los mezcles con los de tu colonia favorita.

Escupir no es de mala educación

¡Ojo! No en el suelo, eso sigue siendo igual de feo aquí que en la calle. En las mesas, verás un pequeño cubo metálico, sirve para escupir el vino después de cada sorbo. No siempre se hace, pero es recomendable, sobre todo en una cata con muchos vinos, piensa que si te acabas emborrachando no disfrutarás de la experiencia.

Bebe agua y come algo

Entre copa y copa es recomendable tomar un poco de agua para limpiar el paladar y los dientes (¡el vino mancha!) comer algo tampoco está de más, en las catas siempre hay algo para acompañar el sabor del vino sin entorpecerlo.

No tengas miedo de hablar

Con el enólogo, el dueño de la bodega, el productor, tus compañeros… Esto es una experiencia social, aprenderás más y te lo pasarás mejor. Recuerda, no hay preguntas tontas y hasta ese sabor peregrino que se te pasa por la cabeza al catar el vino, puede aportar un matiz sobre el que hablar con los expertos.

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