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La “buchette” del vino: la tradición que el COVID ha vuelto a llevar a Florencia

Denominadas «buchette» del vino, se empleaban para vender vino sin contacto físico entre comprador y vendedor. Ahora, el coronavirus las ha traído de vuelta.

buchette del vino

La ventana del vino o buchette del vino, cuya traducción literal es agujero del vino, eran unas pequeñas ventanas de apenas unos centímetros de grosor, situadas a un metro de altura del suelo, que se comenzaron a construir en las casas florentinas en el siglo XVII.

La epidemia del COVID-19 ha traído de vuelta estas curiosas ventanas. Los bares y locales comerciales de Florencia y otras veintisiete ciudades de la región de Toscana comenzaron a reutilizarlas durante su confinamiento para servir copas, cafés, aperitivos, cócteles, helados e incluso libros. En los tiempos del coronavirus, esos viejos ventanucos, que muchos italianos no sabían para qué servían, se han convertido en una necesidad e incluso una moda.

La Asociación Cultural Buchette del Vino, que trabaja para preservar las ventanas de vino restantes, ha documentado este fenómeno en su sitio web. En Florencia, la heladería Vivoli usa su ventana de vinos para servir helados y café a sus clientes. Al otro lado de la ciudad, Babae mantiene la tradición usando su ventana de vino durante la hora feliz, algo que empezaron a hacer en 2019. Desde esta pequeña abertura, reparten copas de vino y cócteles spritz a las masas.

Origen de la buchette del vino

Durante una crisis comercial en Florencia los nobles permitieron a los bodegueros y los campesinos que tenían viñas en casa, vender vino a través de unos agujeros en la pared, que llamaron buchette del vino. La gente lanzaba unas monedas a través del agujero y alguien de la casa le entregaba un vaso de vino.

Su pico de popularidad llegó con otra epidemia: la peste que arrasó Europa en el 1600. Se estima que en el norte de Italia, entre 1630 y 1631, murieron 1.100.000 personas a causa de la peste, de entre una población total de unos cuatro millones.

Para evitar el contagio, se colocaba un frasco en las ventanillas, que eran de piedra o solían tener un marco de madera o de hierro. Los sirvientes y empleados de las familias ricas o aristocráticas lo llenaban de vino. El cliente entregaba el dinero en una paleta de cobre, que inmediatamente se esterilizaba en vinagre para evitar infecciones. El cliente podía comprar también vino enfrascado. 

Todas las ventanillas tienen unos 30 centímetros de altura porque era la medida ideal para colocar los frascos o jarras de vino que se usaban en esa época.

Fueron prohibidas durante siglos para no hacer la competencia a los taberneros, ahora el coronavirus las ha traído de vuelta.

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